Clelia Martínez Maza
Catedràtica de la Universitat de Màlaga
Activitat presencial o en línia exclusiva pel Club d'Amics del Museu Egipci de Barcelona
Dijous 17 de setembre, de 19.00 a 20.30
El desierto egipcio fue el espacio fundacional del eremitismo entre los siglos III y IV, donde el retiro geográfico se entiende como la condición necesaria para lograr el encuentro con lo divino. El paisaje se convierte en un lugar no de aislamiento sino de prueba, combate interior y transformación. Este paradigma gozará de gran éxito en Occidente, donde, en ausencia de desiertos, se produce una adaptación a otros entornos como montañas, bosques, o islas. Estos espacios, aunque distintos desde el punto de vista físico, cumplen funciones equivalentes como herramienta que permite adiestrar al eremita en el control del cuerpo en esa búsqueda de la perfección espiritual. En este sentido, tanto en Oriente como en Occidente el paisaje no aparece como un mero telón de fondo, un simple escenario natural, sino que emerge como una construcción cultural y un elemento activo en la experiencia ascética.
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