Teresa Magadán
Doctora en historia antigua. Especialista en historia griega
Actividad presencial u online
Viernes 6, 13, 20 y 27 de noviembre, de 19:00 a 20:30 h
La región del Epiro, situada en la costa occidental de la península griega bañada por el mar Adriático, nunca formó parte de la considerada cultura griega clásica, a pesar de que sus reyes afirmaban ser descendientes del linaje de Aquiles y de que su territorio albergaba el templo oracular de Zeus más importante de toda Grecia, el santuario de Dodona. Separado por altas cordilleras del resto de la Grecia continental, el Epiro desarrolló una cultura propia al margen del desarrollo de las ciudades-estado. Escenario de aventuras de algunos dioses y héroes griegos, como Odiseo, su naturaleza más salvaje, llena de bosques y ríos caudalosos, le confería un aire misterioso que la niebla y la lluvia acentuaban aún más. No es extraño que los griegos pensaran que por allí se podía descender al Hades y que los ríos de la superficie reproducían los del inframundo. No fue hasta la época helenística cuando la región acabó incorporándose políticamente al devenir conjunto del mundo griego, a raíz de las guerras entre griegos, macedonios y romanos. La ciudad de Nicópolis, fundada por Octavio en el lugar de la famosa batalla de Accio, sigue siendo testimonio de ello. Vale la pena, por tanto, echar un vistazo a la historia de este territorio tan poco conocido para ampliar nuestro conocimiento de la antigua Grecia. Sobre todo teniendo en cuenta que el término con el que los romanos designaban estas tierras, Grecia, deriva posiblemente de una tribu que vivía en el Epiro: los graikoi.
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